Guía para el consumidor responsable COSMÉTICA TÓXICA

 
La piel, el órgano más importante
En un centímetro cuadrado de piel se encuentran: 15 glándulas sebáceas, 1 metro de vasos sanguíneos, 100
glándulas sudoríficas, 3.000 células sensoriales, 4 metros de nervios, 300.000 células epiteliales y 10 pelos.
La piel es el órgano más grande que tenemos y al cubrir nuestro cuerpo, el más importante: Si la tapamos
al 100% con una crema o pintura que no deja pasar el aire, en dos horas estamos muertos. Sin piel no
podríamos existir, moriríamos como los quemados.
La piel, un intestino expuesto
Su declive es el más visible, porque es la intermediaria entre el medioambiente y nuestro organismo:
De adentro hacia fuera, todo lo que sucede en nuestro interior se puede manifestar en la epidermis:
nerviosismo,
problemas metabólicos o intoxicaciones nos pueden causar granos, caspa, pus o manchas, incluso el
agotamiento o el estrés se plasman en una piel que se vuelve pálida, seca o arrugada.
De afuera hacia dentro, a través de ella las sustancias penetran en el cuerpo y llegan en 15 minutos a la
sangre, donde influyen sobre el metabolismo. De esta manera, la piel es un órgano tan sensible o más que
nuestro intestino, y es que hay que considerarla como un intestino que filtra los nutrientes, pero también
los tóxicos y los transporta a la sangre.
Por ello es tan importante saber lo que nos ponemos, porque no sólo se quedará en la superficie, sino que
influirá en todo nuestro organismo.
En que nos afecta la Química en la Cosmética
Los Componentes
Para conseguir que una crema cuaje o cualquier mezcla entre distintas sustancias hacen falta los siguientes
componentes:
emulgentes: para unir grasa y líquidos
antioxidantes: impiden el deterioro en contacto con el aire
gelificantes: dan textura y cremosidad
conservates: impiden el deterioro temporal
bactericidas: desinfectan el medio para que no se formen hongos, etc.
Viendo ésto, no hacen falta tantos componentes en las cremas, sin embargo, la lista de ingredientes en
algunos productos se hace interminable y, a veces, una simple crema hidratante tiene más de 50 ingredientes.
La indústria cosmética trata de maximizar más y más sus beneficios creando nuevas sustancias, cuyas
materias primas deben costar, y cuestan, cada vez menos.
El problema es que, actualmente existen más de 6.000 componentes químicos que están permitidos, pero
no controlados. Esto significa, que en los productos aparecen agentes químicos que nos pueden causar, no
sólo alérgias o eczemas sino, asthma, problemas de pigmentación y hormonales, cáncer o incluso daños
genéticos a futuros bebés.
Etiquetas graciosas e “hipoalergénicas”…
La publicidad ha creado un sinfín de expresiones y “tecnicismos” que suenan bien, pero carecen de cualquier
valor científico: “péptidos súperhidratantes”, “sistema de purificación celular”, incluso algunos ingredientes
se han inventado únicamente por sonar bien o espectacularmente, como “muscle extract” y DNA (¡sustancia
genética!).
Pero incluso el término “hipoalergénico”, tan popular en artículos de farmácia, no tiene más relevancia que
las palabras “súper mega-guay”. Normalmente, se debería referir a productos sin perfume, ya que las
fragancias sintéticas son las que estadísticamente más alergias pueden causar. Pero en ningún caso, es un
término que comprometa al fabricante. Cada día surgen nuevas alérgias y nuevas sustancias que las causan,
a parte, la mayoría de alergias recién se manifiestan semanas después de haber utilizado el producto, que
las pudo provocar.
Trucos y trampas en la cosmética convencional
La pugna por maximizar el beneficio y minimizar la inversión, ha llevado a la creación de sustancias
químicas, que no son beneficiosas para la piel y solamente engañan la vista durante un par de horas.
La manera sincera de cuidar la piel es aportándole nutrientes, para que por sí misma se pueda recuperar.
Pero existen sustancias, que no aportan nada, sino que tienen efectos meramente físicos, que en ocasiones
pueden resultar dañinas para la epidermis:
1) Agentes químicos que hinchan la piel, haciendo desaparecer pequeñas arrugas – a largo plazo se
expanden las células, el tejido decae, se vuelve flácido, la persona reacciona aplicándose más producto,
porque tiene la impresión de que su piel no puede estar sin él.
2) Agentes que decoloran – sustancias agresivas como las compuestas por “ammonium” aclaran la piel,
dándole una apariencia más jóven y fresca, cuando en realidad sólo se trata de un engaño óptico – una piel
más oscura nos hace parecer mayores al acentuar las sombras. Pueden causar disfunciones en la pigmentación,
pequeñas heridas y fotosensibilización aguda (la piel ya no soporta la luz solar).
3) Agentes que aparentan hidratación, como los aceites minerales – bloquean la barrera lipídica natural
de la epidermis, resecándo e agrietándola, pero su textura oleosa y siempre brillante, sólo aparenta un efecto
hidratante. A largo plazo pueden causar alergias en cadena, irritación crónica, acné, etc.
4) Agentes que se agregan para paliar los efectos nocivos de otros agentes – una estrategia que puede
parecer realmente estúpida, pero que se observa a menudo y es la razón por la cual existen listas de
ingredientes interminables en la etiqueta de un producto que debería ser de lo más simple.
Así, los fabricantes sin escrúpulos llegan a utilizar aditivos que irritan la piel (por ejemplo emulgentes y
suavizantes o gelificantes baratos con tacto agradable) y los mezclan con agentes que bloquean las funciones
cutáneas, para que la piel no “se defienda” rebelándose y no se haga visible una alergia.
Los Ingredientes y como Identificarlos-
El “INCI” es la Nomencaltura internacional de ingredientes en la cosmética, regulada a principios de los
años 80 por la FDA (Food and Drug Administration) y la CTFA (Cosmetic, Toiletry & Fragrance Association),
que determinaron las reglas según las cuales los ingredientes han de figurar.
Son nombres en latín y enumerados según su cantidad en línea descendiente, es decir, la sustancia más
cuantiosa se nombra en primer lugar y la que aparece en menor cantidad está como última.
El INCI obliga a la enumeración de TODOS los ingredientes, por lo que es el único dato con el que los
fabricantes se comprometen.
Un texto bonito, alabando cuantiosos ingredientes naturales, carece de valor, si el INCI nos muestra un
nombre vegetal en último lugar, precedido por una veintena de sustancias químicas.
Por ello, sólo podemos valorar la calidad de un producto, leyendo el INCI y entendiendo de sustancias
beneficiosas y perjudiciales.
Sustancias nocivas y cómo distinguirlas sin saber de química
A continuación, mencionaremos los ingredientes más peligrosos que se deben evitar en un producto. Para
recordarlos mejor, en muchos casos sólo hace falta memorizar una o dos sílabas, ya que todos los compuestos
con estos elementos suelen ser peligrosos.
Aceites Minerales
Aunque no suenen peligrosos por hacernos pensar en minerales, no tienen nada que ver con sustancias
nutrientes ni sales, sino que se trata de los muy baratos derivados del petróleo. A parte de ser económicos,
para la indústria tienen la ventaja de una pureza que impide el crecimiento de bacterias y, además, mejoran
el sentimiento de la crema mezclada sobre la piel por su textura fina y sedosa.
Pero son altamente cancerígenos, como casi todos los derivados del petróleo. A parte, tapan los poros,
bloqueando la respiración de las células y extraen la humedad de la piel, sacándola a la superficie y dándole
apariencia “hidratada”, pero al dejar de usar el producto, la piel está más reseca que antes y parece adicta
a la sustancia. Están en casi todas las barras protectoras para labios y esa es la causa, por la que muchas
veces nuestros labios se agrietan cada vez más si no seguimos usando la barrita.
En el INCI figuran bajo las siguientes denominaciones: Mineral oil, Paraffinum, Paraffinum liquidum,
Petrolatum, compuestos con las sílabas Paraffin-, Petroleum.
Pero también son derivados del petróleo las siliconas Silicone quaternium, methylsilanol, y se esconden en
nombres como cera microcristalina, ozokerit, ceresin, incluída la vaselina (¡!).
Colorantes:
Conseguir un color permanente y perfecto es uno de los cometidos más difíciles en la química. No sólo
sirven para darle un aspecto acaramelado a cremitas y geles de baño, sino que son el principal componente
en maquillajes, tintes y decolorantes.
Los componentes con las sílabas anilin, anilid, como en ”acetanilid”, delatan un colorante altamente
cancerígeno y tóxico.
Algunos agentes colorantes tienen una estructura molecular tan complicada, que se les han dado iniciales
o nombres fáciles para simplificar su denominación. Tales son los de las iniciales HC como “HC orange
3”, o Acid como “acid Red 73”, Pigment como “pigment Green 7”, Solvent como “solvent black 3”. Todos
ellos esconden sustancias altamente cancerígenas y/o tóxicas.
Sustancias halogenorgánicas:
Causan alérgias, son sospechosas de causar cáncer, y suponen una grave contaminación del medioambiente
por no ser biodegradables.
Se trata de combinaciones de chloro, bromo y iodo como “aluminium chlorohydrate”, “methyldibromo
glutaronitrile”, “iodopropynyl” las peligrosas sílabas chloro, bromo, iodo no se deben confundir con chlorid,
bromid, iodid, que suelen ser componentes inocuos de sales.
PEGs: polyethylenglycol
Típicos emulgentes que unen agua y grasa, o detergentes, en sí son totalmente inofensivos, pero hacen la
piel más receptiva a sustancias, lo cual es bueno, si se trata de aditivos sanos, pero malo, si son venenosos.
Los introducen como pasajeros negros en las células, cuyas paredes se vuelven más permeables.
En productos naturales controlados, no se permiten más de 5 PEGs por artículo, pero la cosmética convencional
suele abusar de ellos.
A parte de aparecer como PEG seguidos de un número, se les reconoce por las letras eth al final: “steareth”,
“ceteareth”, “sodium laureth sulfate”=principal ingrediente en jabones, geles y champúes.
Sodium lauryl sulfate
No confundir con sodium laureth sulfate. Es un detergente muy irritante que ha provocado problemas de
pigmentación, así como comedones y pérdida de pelo en las partes expuestas en tests con animales. La
“Cosmetic Ingredients Review” la ha calificado de aceptable en productos de uso poco frecuente y sólo en
concentraciones inferiores al 1%. Sin embargo se puede encontrar en primeros puestos incluso en dentífricos
(¡!).
Fragancias artificiales
Peligrosas, porque la mayoría de ellas contiene elementos que, una vez sobre la piel, influyen el equilibrio
hormonal y son sospechosos de causar cáncer. En forma de perfume, desodorante o inhibidores del sudor
llegan a la piel, donde el sudor descompone las materias que se acumulan en las células, hasta el punto de
que en análisis de leche materna, se llegan a registrar altos contenidos de estas sustancias cancerígenas,
tóxicas y sospechosas de generar daños genéticos.
Ejemplos: “acetyl hexametyl” causa daños nerviosos, “benzyl alcohol” insensibiliza la piel, y “bromocinnamal”
es irritante. Como antitranspirantes frecuentemente se utilizan compuestos de aluminio como “aluminium
chlorhydrate”, que pueden resultar muy irritantes y son sospechosos de causar Alzheimer.
Phenol y Phenyl
Fuertes desinfectantes en la medicina, se utilizan en cosmética como conservantes y colorantes. No son
recomendables por ser un tóxico celular, que a largo plazo destruye las paredes celulares. Ejemplo de phenol:
“nitrophenol”,”phenolphthalein”, “chlorophenol”. Ejemplo de sustancias con phenyl: “N-phenyl-
PPhenylenediamine”,
Phenylenediamine Sulfate”.
Otras Sustancias
Liberadores de Formaldehyd: Formaldehyd es un potente antimicótico multiuso. Nos lo encontramos tanto
en la fabricación de materiales de construcción en los que impide el moho, como de muebles, en los que
se utiliza para evitar hongos en la madera prensada, etc. Es altamente cancerígeno por inhalación, se acumula
en las células dañando las membranas, causa malformaciones en fetos, irrita y envejece la piel.
En principio, está prohibido en la cosmética, pero por su gran efectividad y economía, se han creado
sustancias que no se consideran directamente formaldehydos, pero que lo liberan (¡!) como si fuera un
polizonte.
Por un lado se las puede reconocer por llevar las sílabas Urea , como Diazolidinyl Urea, Imidazolidinyl
Urea, Polyoxymethylene Urea (no confundir con Urea “a secas”, que es un derivado del ácido úrico, bueno
para la piel).
Por otro lado tenemos los conservantes químicos con las letras DM delante como DM y DMDM Hydantoin,
o Dmhf.
Dimethyl Oxazolidine es otro conservante liberador de formaldehyd a evitar en los productos.
Phthal y Phthalate: Finalmente quedan estos compuestos, que se usan como suavizantes y/o disolventes.
Son altamente tóxicos, influyen en el equilibrio hormonal y son sospechosos de causar cáncer. Ejemplo:
“dibutylphthalate”.
Protección Solar
Otro problema en la cosmética, es la de encontrar sustancias que protegan de los rayos solares dañinos.
Antiguamente, se utilizaban filtros minerales a base de óxido de Titanio o Zinc como Zincoxid o
Titaniumdioxid.
Pero por ser más caros, se han ido reemplazando por oxybenzone, benzophenone, Methoxydibenzoylmethane,
o Dibenzoylmethane que son filtros cancerígenos que pueden causar alérgias en cadena y aparecen incluso
en las marcas más caras y “exclusivas”. Son aditivos que no sólo aparecen en productos solares, sino en
todo tipo de cremas y en tratamientos con retinol. Si éstas contienen sustancias irritantes, la indústria lo
compensa agregando filtros solares, para impedir que la piel microscópicamente irritada reciba manchas
del sol – ¡un procedimiento absurdo!
¿Cómo orientarnos al comprar?
Existen las siguientes normas para saber comprar cosmética y valorar la calidad de un producto:
1) Evitar artículos con una lista interminable de ingredientes. Un buen producto no necesita nunca más
de 30 ingredientes. Únicamente, si en los primeros lugares figuran sustancias naturales, se puede excusar
el uso de aditivos químicos como gelificantes o emulgentes, ya que a veces los agentes vegetales se mezclan
con dificultad y no “cuajarían” sin ayuda artificial.
2) Por otro lado, no nos debemos fiar, si en un producto sólo aparecen aditivos naturales. Una crema
blanca opaca, con determinada fragancia y textura y en cuya etiqueta figuren como ingredientes unicamente
minerales y sales del mar muerto, sólo puede ser un engaño: ¿de dónde le viene el olor, qué grasas contiene
y cuál es el emulsionante para conseguir esta textura?
3) Evitar productos que nos prometen “maravillas naturales”, pero que en la lista de ingredientes apenas
tienen nombres vegetales (son aquellas denominaciones latinas que se pueden pronunciar bastante mejor
que las químicas), o si los tienen, aparecen en décimo lugar o incluso más atrás.
El texto descriptivo en una etiqueta no compromete al fabricante, lo único que nos da información fiable
es el INCI.
4) Evitar marcas en las que el sistema de distribución está inflado: las grandes empresas funcionan a
base de dar lucrativos beneficios a representantes, distribuidores, subdistribuidores y revendedores – invierten
en comisiones en vez de invertir en la calidad de un producto. Una crema que ha pasado por cuadrúple
facturación, antes de llegar a las manos del consumidor final, no puede ser buena si no es carísima.
5) Una marca que aparece constantemente en los anuncios pagados de los medios de
comunicación, también delata, que su prioridad no es la inversión a largo plazo en calidad, sino la captación
de clientes nuevos.
6) Finalmente, comprar jabones y productos cosméticos naturales de calidad y a poder ser artesanos ya que
generalmente al ser realizados en pequeños lotes se suele apostar por la tradición, calidad y pureza de los
ingredientes. A la vez que se ayuda a fomentar la economía local al ser distribuidos normalmente de forma más
directa en mercados y pequeñas tiendas.
JABÓN A BASE DE ALMENDRAS:
Para elaborar este jabón natural para manos y cuerpo,
mezcla bien
dos cucharadas de almendras picadas, dos cucharadas de
polvo de
caolín, media cucharada de café de bórax y unas gotas
de aceite de
almendras.
Apartir de ingredientes naturales podemos elaborar
sencillos productos para la higiene y el cuidado
corporal, evitando así la exposición a sustancias
peligrosas contenidas en muchos productos cosméticos
del mercado, ya que estas sustancias pueden
perjudicar a nuestra salud y a la del medio ambiente.
A escala industrial es posible la eliminación y posterior
sustitución de sustancias tóxicas en los productos
cosméticos. Demanda este cambio a las empresas
especializadas en este sector.
Taller de cosméticos naturales
PROTECTOR LABIAL DE COCO:
Los ingredientes que necesitarás son: 50 gramos de cera virgen, 50
gramos de aceite de coco y 5 gramos de aceite de almendras. Fundir
al “baño María” la cera y el aceite de coco, removiendo bien. Retirar
la mezcla del fuego y agregar el aceite de almendras, sin dejar de
remover.